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Volumen 19 || Número 1 || 2016
e I.S.S.N. ISSN: 255-3517 - I.S.S.N. ISSN: 2254-2884
Eficacia de los programas de seguridad del paciente
Miriam Estepa del Árbol, Mª Carmen Moyano Espadero, Carolina Pérez Blancas, Rodolfo Crespo Montero
Facultad de Medicina y Enfermería de Córdoba. Hospital Universitario Reina Sofía. Córdoba. España.
Eficacia de los programas de seguridad del paciente

Resumen:

Introducción: La seguridad del paciente constituye un componente clave de la calidad asistencial que en los últimos años ha alcanzado gran relevancia.

Objetivos: Conocer la producción bibliográfica existente sobre la aplicación de programas o medidas en materia de seguridad del paciente.

Métodos: Se realizó una búsqueda en las bases de datos de Pubmed y Health&Medical Complete, durante el periodo de febrero a mayo del año 2015. Se incluyeron artículos científicos en inglés y español y se analizaron estudios que evaluaban cualquier programa de seguridad para el paciente, excluyendo aquellos que no presentaban resultados.

Resultados: El seguimiento de una lista de verificación en quirófano resultó ser efectivo en la disminución de complicaciones, la estrategia de higiene de manos mostró altas tasas de cumplimiento sobretodo en servicios de aislamiento y unidades de cuidados intensivos, el proyecto bacteriemia Zero fue eficaz en la reducción de infecciones relacionadas a catéter venoso central, el programa de prevención de caídas carece de suficiente evidencia para confirmar la efectividad, la pulsera identificativa de pacientes mostró alta implantación pero baja implicación profesional y la evaluación de programas para evitar errores de medicación es escasa aunque los casos analizados se han asociado a reducciones del riesgo.

Conclusiones: Existen múltiples programas de seguridad, diseñados y adaptados para cada institución, en cambio son escasos los estudios que se llevan a cabo para evaluar la eficacia de estas estrategias una vez establecidas.

PALABRAS CLAVE
- SEGURIDAD DEL PACIENTE
- PROGRAMAS DE SEGURIDAD
- CALIDAD ASISTENCIAL
- ENFERMERÍA

Correspondencia:
Miriam Estepa del Árbol
Calle Vereda Panchía s/n. Apdo: 130.
14550 Montilla. Córdoba
E-mail: mesdelar@gmail.com

Effectiveness of patient safety programs

Abstract

Introduction: Patient safety is a major component of quality of care, which in recent years has become very important.

Objective: To know the current bibliographic production on the implementation of programs or measures on patient safety.

Methods: An electronic search in the database Pubmed and Health & Medical Complete was conducted during February to May 2015. Scientific articles in English and Spanish writing were included; and studies evaluating any program of patient safety were analyzed, excluding those without results.

Results: The monitoring of a checklist in the operating theater was effective in reducing complications; the strategy for hand hygiene showed high compliance rates especially in insulation services and intensive care units; the project bacteremia Zero was effective in reducing infections related to central venous catheter; fall prevention program lacks sufficient evidence to confirm the effectiveness; patient wristband showed high implementation but low professional involvement; and evaluation of programs to prevent medication errors is scarce although analyzed cases have been associated with risk reductions.

Conclusions: There are many safety programs, designed and adapted for each institution. However the studies carried out to assess the effectiveness of these strategies once established were scarce.

KEYWORDS
- PATIENT SAFETY
- SAFETY PROGRAMS
- QUALITY OF CARE
- NURSING

Introducción

La seguridad del paciente (SP) constituye un componente clave de la calidad asistencial que en los últimos años ha alcanzado gran relevancia, considerándose en la actualidad, un derecho de los pacientes1-3. La SP engloba actuaciones dirigidas a eliminar, reducir y/o mitigar los efectos adversos (EA) producidos como consecuencia de la asistencia sanitaria. En este sentido, se considera EA a cualquier acontecimiento producido durante el proceso asistencial que suponga consecuencias negativas para el paciente y con resultados que se expresan en forma de fallecimiento, lesión, incapacidad, prolongación de la estancia hospitalaria o incremento de consumo de recursos asistenciales4,5.

Desde los inicios de la medicina se hacía referencia a la calidad asistencial; uno de los principios clásicos conocidos “primum non nocere”, perteneciente a la etapa hipocrática, y cuya aproximación aparece en el Corpus Hippocraticum como “para ayudar, o por lo menos no hacer daño” es un claro ejemplo de este hecho. Posteriormente, Florence Nigthingale (1820-1910), entre otros profesionales, también supo reconocer el riesgo de la atención sanitaria con sus palabras: “Puede parecer extraño decir que el principio en un hospital es no hacer daño a los enfermos. Pero es necesario decirlo porque la mortalidad hospitalaria es muy alta comparada con la extra-hospitalaria”6. Antecedentes como estos ponen de manifiesto el hecho, de que la actuación sanitaria tiene la posibilidad de producir consecuencias indeseables. Además, la atención sanitaria es cada vez más compleja; los procesos asistenciales suponen una combinación de actuaciones, tecnologías e interacciones humanas de multitud de profesionales significando un riesgo creciente de EA y perjuicios involuntarios para el paciente. Actualmente, el impacto de los EA sobre la salud no es demasiado excesivo, pero si significativo, independientemente de su gravedad; aunque la mayoría podrían ser evitados, por lo que existe la necesidad de establecer las convenientes estrategias preventivas que resulten recomendables y eficaces7.

Fue el estudio To erris human: building a safer health system en el año 2000, realizado por el Instituto Americano de Medicina, el que marcó un antes y un después y logró situar el problema en el punto de mira socio-político. Esta publicación recogió la magnitud del problema de seguridad en la asistencia sanitaria y la gran repercusión clínica y económica que implicaba, haciendo que la investigación sobre SP y las iniciativas para actuar sobre los riesgos evitables se convirtieran en una prioridad para todas las administraciones sanitarias8. Por otro lado, diferentes análisis a nivel internacional sobre EA, mostraron que entre el 10-17% de los pacientes que acuden a un hospital presentan EA como consecuencia de la asistencia sanitaria, de los que alrededor del 50%, fueron considerados prevenibles9-11.

En España, el Estudio Nacional sobre los Efectos Adversos ligados a la Hospitalización (ENEAS 2005) mostró una incidencia de EA relacionados con la asistencia sanitaria del 9,3%; siendo la incidencia de EA relacionados directamente con la asistencia hospitalaria del 8,4%. Por otro lado, el 17,7% de los pacientes acumuló más de un EA. Distinguiendo según la gravedad, el 45% de los EA se consideraron leves, el 39% moderados y el 16% graves; destacándose que el 42,8% de los EA podrían haber sido evitados. Respecto a su relación con el acto asistencial, el 37,4% de los EA estuvieron relacionados con la medicación, 25,3% con infecciones nosocomiales y el 25,0% con problemas técnicos durante algún procedimiento. Además, un 31,4% de los EA tuvieron como consecuencia un incremento de la estancia, y en un 24,4% el EA condicionó el ingreso hospitalario12. Otro estudio más reciente, EVADUR (2009), mostró resultados similares para servicios de urgencias en España: el 12% de pacientes presentaron al menos 1 incidente o EA, de los que un 70% se consideraron evitables. Los EA derivados del proceso, medicación y procedimientos fueron, también, los más frecuentes, y las causas señaladas estuvieron relacionadas con cuidados, medicación, diagnóstico y comunicación13.

Ante esta realidad, y la magnitud que han ido adquiriendo los diferentes datos que se han ido aportando a nivel mundial sobre EA, mejorar la SP se ha convertido en una estrategia prioritaria de las políticas de calidad de todos los sistemas sanitarios. Organismos internacionales así como nacionales (Ministerio de Sanidad14 y Comunidades Autónomas -CCAA-) han adoptado estrategias para abordar la ocurrencia de EA, intentado garantizar la SP.

En octubre de 2004, la Organización Mundial de la Salud (OMS) en respuesta a la resolución 55.18 de la Asamblea Mundial de la Salud, año 2002, en la que se instaba a la OMS y a los Estados Miembros a prestar la mayor atención posible al problema de la SP, creó la Alianza Mundial para la Seguridad del Paciente (AMSP) con el propósito de coordinar, difundir y acelerar las mejoras en materia de SP en todo el mundo15.

Cada año, la AMSP organiza programas que tratan aspectos sistémicos y técnicos para mejorar la SP en todo el mundo. Un elemento fundamental es la formulación de Retos Mundiales; destinados a impulsar el compromiso y la acción internacional en aspectos relacionados con la SP que supongan un área de riesgo importante para todos los Estados Miembros de la OMS. Los dos retos mundiales, principales, en los que actualmente trabaja la organización son16:

“Una atención limpia es una atención más segura”, primer reto, lanzado en el año 2005 y cuyo objetivo era alcanzar un reconocimiento universal sobre el control de las infecciones, que constituye una base sólida y esencial en la SP, así como reducir las infecciones relacionadas con la atención sanitaria (IRAS) y sus consecuencias.

“La cirugía segura salva vidas”, segundo reto mundial por la SP, aborda la seguridad de la atención quirúrgica. La AMSP empezó a trabajar en este reto en enero de 2007. El objetivo era mejorar la seguridad de la cirugía en todo el mundo, definiendo para ello un conjunto básico de normas de seguridad que puedan aplicarse en todos los Estados Miembros de la OMS. Trata de fomentar el uso de un Listado de Verificación o Checklist (LV) en los quirófanos de todo el mundo. Con ello se pretende aumentar al máximo la probabilidad de conseguir mejores resultados para los pacientes sin necesidad de sobrecargar indebidamente al sistema y a los profesionales.

En esta misma línea, en nuestro país, el Ministerio de Sanidad, con el fin de mejorar la calidad del sistema sanitario, tal y como establece la Ley 16/2003 de Cohesión y Calidad del Sistema Nacional de Salud (SNS), presentó, en el año 2006, el Plan de Calidad para el SNS que engloba, entre otros, los siguientes objetivos17: promover y desarrollar el conocimiento y la cultura de SP entre los profesionales en cualquier nivel de atención sanitaria; Diseñar y establecer sistemas para la comunicación de los incidentes relacionados con la SP; Implantar a través de convenios con las CCAA proyectos que impulsen y evalúen prácticas seguras en 8 áreas específicas. Con estos objetivos, establece como una de sus estrategias prioritarias “mejorar la seguridad de los pacientes atendidos en los centros sanitarios de SNS” (estrategia 8).

En Andalucía, la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía, puso en marcha la Estrategia para la SP, dentro del Plan de Calidad del Sistema Sanitario Público Andaluz, que durante estos años ha tenido un gran impacto en la organización sanitaria pública, promoviendo un cambio en la cultura de seguridad. En ella se reúnen 6 grandes proyectos, entre los que se incluyen la formación como base de la cultura de seguridad de los/las profesionales y la ciudadanía, el uso seguro de los medicamentos y la prevención IRAS16. Asimismo, la Consejería de Salud, en el Observatorio para la Seguridad del Paciente, establece mejoras como la higiene de manos (HM), prácticas seguras en cirugía, buenas prácticas en el uso de medicamentos y otras prácticas seguras como la identificación de pacientes, la prevención de caídas y las mejoras en la comunicación18.

Todas estas iniciativas están comenzando a aplicarse en nuestro entorno asistencial, de tal forma que en casi todas las CCAA existen programas específicos sobre SP. Iniciativas que se están desarrollando desde los propios centros asistenciales, como en el Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba19. A pesar de todo esto, de todas las iniciativas y programas implantados, no existen muchas publicaciones que reflejen la efectividad de estos proyectos. En efecto, los programas están implantados mediante procedimientos específicos, LV o programas regionales (bacteriemia Zero -BZ-, 5 momentos para la HM, etc.), pero se encuentran pocos resultados de la eficacia de estas medidas en la bibliografía científica. Es por ello, por lo que nos hemos planteado esta revisión, con el propósito de conocer la utilidad y eficacia de los programas de SP.

Objetivos

General: Conocer la producción bibliográfica existente sobre aplicación de programas o medidas en materia de SP.

Específicos:

Determinar los programas implantados y evaluados sobre SP.

Analizar la efectividad de los programas de SP.

Metodología

El diseño empleado es el de un estudio de revisión bibliográfica. Para ello, se hizo una búsqueda exhaustiva en diversas bases de datos, con el objetivo de recopilar la mayor producción posible disponible con respecto al tema. Las bases de datos empleadas fueron PubMed, y Health & Medical Complete (ProQuest); también se realizó una búsqueda en internet usando el buscador “google académico”. El período de consulta fue entre el 18 de febrero y el 5 de mayo del año 2015. La estrategia de búsqueda consistió en utilizar las palabras clave en las distintas bases de datos y buscador, empleando los distintos descriptores y la condición de que los descriptores empleados estuvieran presentes en el resumen y en el título del artículo y como palabra clave en aquellos que lo permitían.

Al inicio de la búsqueda no se tuvo en cuenta ningún criterio de limitación con el fin de conocer la cantidad de producción científica existente, de manera que se aceptaron todos los trabajos que tratasen sobre el tema. Posteriormente, se establecieron los criterios de inclusión y exclusión, los criterios de inclusión son artículos que trataran sobre la seguridad del paciente en el ámbito sanitario, estudios de investigación que reportaran resultados sobre la implantación de algún programa de seguridad del paciente, artículos originales, con disponibilidad en texto completo, la fecha de publicación entre 2005 y 2015 (modificable en caso requerido). En Inglés o Español y que haya sido revisado por expertos. Los criterios de exclusión fueron artículos que no presentaban resultados, sin estructura científica y/o revisiones bibliográficas.

Después de aplicados estos criterios, se obtuvieron 48 artículos; de los cuáles, tras una lectura crítica se seleccionaron para su análisis 19. La estrategia de búsqueda constó de 2 fases: en una primera búsqueda se emplearon las palabras clave: “Seguridad del paciente” (“Patient safety”) y “Programas de seguridad” (“Safety program”). Tras la lectura y selección de artículos útiles para el trabajo, se decidió realizar una nueva búsqueda, debido a la falta de publicaciones que evaluaran programas de seguridad puestos en práctica en cualquier institución sanitaria. En esta segunda fase se optó por tomar nuevas palabras clave específicas para los programas de seguridad de mayor impacto. Con este fin se introdujeron como palabras clave las siguientes: “Checklist quirúrgico” (“Surgical checklist”), “Higiene de manos” (“Hand hygiene”), “Estrategia multimodal” (“Multimodal strategy”), “Bacteriemia Zero” (“Bacteriemia Zero), “Programa de prevención de caídas” (“Falls prevention program”), “Errores de medicación” (“Medication errors”) y “Programa de identificación de pacientes” (“Patients identification program”).

Resultados

En las siguientes tablas se muestran el análisis descriptivo de la búsqueda (Tabla I) y la clasificación temática-categorial (Tabla II).

Descripción de los resultados

1. Lista de verificación quirúrgica:

Todos los estudios revisados coinciden en la reducción de la mortalidad y las complicaciones tras la implantación de los programas. Se observó un descenso de la mortalidad, con una reducción del riesgo absoluto entre 0,2 a 0,7 %20-22 y se refirió una disminución general de las complicaciones en un intervalo entre 4-10,5%21,22. Estos resultados se ponen aún más de manifiesto cuando se cumplimenta el listado de verificación en su totalidad. Un estudio refleja un 7,1% de las complicaciones cuando se cumplimenta el LV, mientras que dejarlo incompleto supuso una tasa de 18,8% de complicaciones21.En otro estudio, la mortalidad fue significativamente baja en pacientes con LV completo20.

2. Higiene de manos:

La mayoría de publicaciones hacen referencia a un intervalo de cumplimiento de la HM entre el 55-89%23-27; este cumplimiento se consideró proporcional al nivel de implantación del programa, establecido de forma constante y progresiva23,25,26. En cuanto al seguimiento de cada una de los 5 momentos de la HM, el mayor porcentaje de cumplimiento es para el 4º momento, después del contacto con paciente, tanto antes como después de la intervención, estimándose un promedio post-intervención del 70,5%24-28,seguido del lavado de manos antes del contacto con el paciente22,26,28. El resto de momentos de la HM tuvieron un aumento más significativo tras la implantación de los programas, debido a que previamente eran menos realizados, especialmente la 2ª, 3ª y 5ª medida (antes de técnica aséptica, después de la exposición a fluidos y después de contacto con el entorno del paciente)24,28.

Por otro lado, varios estudios hacen referencia a las diferencias de cumplimiento según la categoría profesional. En este sentido se señala a los profesionales de enfermería y auxiliares con mejores tasas de cumplimiento (71-90%) seguidos por médicos (60-86%) y en menor medida por otros profesionales (<60%)23,24,28. En cuanto al cumplimiento por áreas, fue mayor en unidades de aislamiento (86%), unidades de cuidados intensivos (66-88%), medicina interna (85,5%) y cirugía (71,4%)23,24.

En referencia al nivel de conocimientos, todos los artículos destacan una mejoría de los mismos por parte del personal tras la implantación de los programas de HM, comparándose los resultados pre y post intervención y sin distinciones de sexo, edad o status23-26. La percepción que mostraron los profesionales sobre los resultados de la implantación del programa fueron positivas, calificadas como “muy eficaces” en el 90% de los ítems, sólo la retroalimentación y la cultura en SP mostraron peor afinidad24,25.

Cuando se evaluó, de forma indirecta, la puesta en marcha del programa y su progreso a través del consumo de solución alcohólica, los resultados mostraron un incremento del consumo en todos los ámbitos, siendo ésta la elección preferida por los profesionales, aumentando el consumo de solución alcohólica aproximadamente 5 veces tras la implantación del programa23,25,26,28.

Respecto a la influencia de la HM en la reducción de las infecciones, no se encontraron resultados concluyentes, tan solo un estudio obtuvo una ligera disminución de las mismas relacionada con la campaña de HM26. En otro estudio se valora la contaminación en las manos de los trabajadores pre y post seguimiento de la campaña de HM, dejando constancia de la reducción de factores de riesgo que supone la estrategia y de una disminución entre 20-30 % del contenido de bacterias en las manos de los trabajadores29.

3. Bacteriemia Zero:

Tras la implantación del proyecto BZ, en diferentes Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) se redujo la tasa de bacteriemia relacionada catéter venoso central entre un 40-50%30-33. En cuanto a la implicación del personal sanitario en este programa, fue elevada (68-79%), siendo el profesional de enfermería predominante y mejor valorado30,31.

El grado de implicación de las UCI en el programa de BZ se consideró elevado, alrededor del 70%31,33, destacándose como medidas específicas: uso de clorhexidina, realización de LV, sesiones de formación y cultura de SP se llevan a cabo en mayores porcentajes (80-100%, 90%, 70%, 75%, respectivamente), en cambio hay disparidad entre los diferentes estudios en cuanto a la preparación de carro/bandeja de inserción de catéteres y otras medidas específicas30-33. Por otro lado, varios estudios evaluaron la efectividad del programa según el tipo de hospital, coincidiendo mayoritariamente que fue más efectivo en hospitales pequeños y no universitarios; no obstante, las diferencias entre hospital público o privado fueron mínimas31-33.

4. Identificación de pacientes:

El grado de implantación del sistema de IP a través de pulsera mostró ser alto, cercano al 100% en diferentes servicios hospitalarios, y al 85% en el área de urgencias34,35.

En cambio, la implicación de los profesionales en el programa es baja. Un estudio refiere que el 40,7% de los profesionales opina que no es útil para evitar errores de medicación, no obstante, sólo 5,9% de los pacientes reconocen que no se le ha puesto la pulsera identificativa, pero 62,8% de los pacientes afirman no haber recibido información cuando se la colocaron y para el 88,3% de los pacientes no resulta una medida incómoda. Durante el trabajo asistencial, sólo, el 20-30% de los trabajadores comprueban la pulsera antes de administrar medicación, extracciones sanguíneas o intervenciones quirúrgicas; además una observación frecuente de los profesionales es que molesta para la realización de ciertas técnicas34.

5. Prevención de caídas:

La bibliografía respecto a este programa es escasa. Tan solo un artículo refleja que después de 1 año desde la implantación de un programa de prevención de las caídas, se consiguió una disminución del 41% de las mismas con lesiones de los pacientes y al 58,3% al segundo año36.

6. Errores de medicación:

Tan solo un artículo, evaluaba los resultados de mejora en los EM. Tras la implantación de un programa específico de control de prescripción y dispensación de medicamentos, se produjo una reducción del 23% de los EM, además de disminuir el 30% los EA considerados prevenibles. Esta mejora no supuso ningún efecto negativo en el flujo del trabajo37.

Otro programa de intervención farmacéutica, mostró buenos resultados en la reducción de los problemas relacionados con la medicación, de los pacientes atendidos en el servicio de urgencia. La incidencia de estos fue del 68,8%. La incorporación de un farmacéutico al servicio supuso la disminución del riesgo de EM por duplicaciones, omisiones y/o interacción de fármacos38.

Discusión

Se ha observado que los programas de SP más realizados son la aplicación de LV quirúrgica, y los relacionados con la prevención de IRAS, en los que se incluye la HM y el proyecto BZ; otras prácticas evaluadas fueron el programa de IP, de prevención de caídas, y ciertas medidas para evitar EM38.

Respecto a los programas de LV quirúrgica, los resultados de los estudios analizados coinciden en que cumplimentar el LV disminuye de forma significativa las complicaciones y mortalidad peri-operatoria, independientemente de las características socioeconómicas de los hospitales20-22. Esta reducción, está fuertemente asociada al cumplimiento así como al grado de implantación del programa. Un estudio comunicó que el cumplimiento del LV fue completado sólo para el 39% de los pacientes, siendo menos frecuente su realización ante situaciones de urgencia, emergencia o de mayor probabilidad de muerte para el paciente, aspecto que dejaba lejos el alcance de las expectativas del programa20. Sin embargo, estudios de mayor envergadura, relacionaron la implantación de LV completa con una importante reducción de riesgos en quirófano21,22. Por tanto, los resultados publicados avalan la recomendación de la OMS de utilizar la LV como instrumento de seguridad15. No obstante, este programa no debe entenderse sólo como el seguimiento de una lista de comprobación, sino que sirve como instrumento para la mejora de la comunicación, fomentando el trabajo en equipo, y la cultura de la seguridad en cirugía, y debe aplicarse de forma completa para que sea eficaz39.

Por otro lado, encontramos la estrategia de la HM, uno de los retos de la OMS y programa de mayor extensión a nivel mundial. Cuando se analizó el grado de cumplimiento de este programa, fue considerado alto en todos los estudios23-27. En alguno de ellos se hacía referencia al aumento significativo de la realización de las 5 recomendaciones para la higiene de manos24,28; así como al aumento del consumo y disponibilidad de solución alcohólica en las unidades, lo que ha sido traducido como una buena adhesión al programa23,25,26,28. Además, se hace referencia a la mejora de conocimientos de los profesionales sanitarios24,26. Tras el análisis de los estudios, se detecta una falta de evaluación de la eficacia del programa. Sólo en dos artículos se evalúan su eficacia, refiriendo un aumento de la eficacia, predominantemente unidades de aislamiento y uci23,24; sin embargo, en términos de reducción de infecciones, objetivo principal de la estrategia de HM, no se encontraron resultados concluyentes. La mayoría de los estudios revisados sobre este programa se limitan a medir el grado de cumplimiento de la HM.

En cuanto al proyecto BZ, todos los estudios evidenciaron la eficacia del programa, reportando una disminución del 40 al 50% de las bacteriemias relacionadas con el catéter. Además, la implantación de estos programas permitió que se detectaran puntos débiles en la ejecución de medidas específicas, así como mejoras en la realización de las medidas principales: uso de clorhexidina, LV y formación30-33. Este programa, imprescindible para la prevención de infecciones nosocomiales, tiene actualmente una gran implantación en las UCI, con evidentes beneficios, por lo que no es de extrañar que este sea uno de los programas más extendidos en la mayoría de hospitales40.

Respecto a la identificación de pacientes, sólo se encontraron 2 estudios que evaluaban este tipo de medida. Ambos mostraban un alto grado de implantación, cercano al 100% en diferentes servicios hospitalarios y al 85% en el área de urgencias34,35. No obstante, uno de estos estudios refleja que los profesionales sólo comprueban la pulsera antes de procedimientos como administración de medicación, extracciones sanguíneas o intervenciones quirúrgicas en un 20-30% de los casos34. El uso correcto de esta medida se ha mostrado útil para reducir los EA asociados a una mala identificación, pero necesita la implicación de los profesionales. Unas prácticas profesionales seguras supone la comprobación de los datos del paciente antes de cada técnica, especialmente de aquellas de gran impacto41.

En cuanto a la prevención de las caídas, sólo pudo ser seleccionado para su análisis un artículo que destacaba, una disminución de las caídas incluso a los dos años del 58,3% de las caídas36. La falta de más estudios, no permite extraer conclusiones sólidas a cerca de este programa.

Finalmente, se revisaron los estudios que evaluaban medidas para evitar EM, considerados una de las causas más frecuentes de EA relacionados con la asistencia sanitaria11. Sin embargo, a pesar del amplio abanico de posibilidades que ofrece la actuación ante EM, sólo se encontraron dos estudios que evaluaban alguna de sus prácticas de mejora. Por un lado, encontramos un programa de traspaso de información de pacientes que mostró la reducción del 23% de EM, y disminuyó el 30% los EA considerados prevenibles, sin interrumpir el flujo del trabajo37. Y por otro lado, la evaluación de un programa de intervención farmacéutica que mostró buenos resultados en la reducción de los problemas relacionados con la medicación mediante la incorporación de un farmacéutico al servicio38. Posiblemente, las medidas para evitar EM sean los más implantados (transcripción electrónica de la receta, sistemas de unidosis e identificación de fármacos con el paciente, etc.), pero no hemos encontrado estudios que avalen la eficacia de estos programas42.

La limitación principal de esta revisión ha sido no poder acceder por completo a todas las publicaciones, analizándose únicamente aquellos artículos con acceso abierto que han podido ser consultados.

En conclusión, el hecho de implantar un programa de SP supone implícitamente una herramienta de mejora, aunque son escasos los estudios que se encargan de evaluar la eficacia de cada programa; los programas de SP que se evalúan más frecuentemente son: LV, HM, BZ, IP, EM y prevención de caídas. Los programas de LV muestran evidentes mejoras en la disminución de complicaciones y reducción de las tasas de mortalidad de los pacientes quirúrgicos. La HM está muy extendida a nivel mundial y cuando se evalúa tiene altos niveles de cumplimiento. El proyecto BZ ha mostrado su efectividad, evidenciando una disminución de las infecciones relacionadas con el catéter venoso central en todos los estudios. La pulsera identificativa se muestra como el método ideal para prevenir EA derivados de la asistencia sanitaria por mala IP, si bien necesita la implicación de los profesionales para que esta medida sea efectiva. Hay escasa evidencia científica sobre los resultados de los programas de prevención de caídas y EM. Finalmente indicar que es imprescindible la implicación de los profesionales sanitarios y muy especialmente los de enfermería, pues son ellos los que más contacto directo tienen con los pacientes.

Recibido: 20 febrero 2016
Revisado: 22 febrero 2016
Modificado: 23 febrero 2016
Aceptado: 23 febrero 2016

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